Que la compra no te consuma

VIRGINIA RÓDENAS
Somos más ricos, más libres, y tenemos a nuestro alcance una oferta de bienes de consumo con la que ni siquiera soñaron nuestros abuelos; y, sin embargo, estamos más deprimidos que ellos. Hoy, «más es menos», avisa el profesor Barry Schwartz. La tiranía de la abundancia nos hace trizas.
El 60 por ciento de los españoles compra por placer y no por necesidad, una actividad que crea dependencia al 33,22 por ciento de los compradores adultos en Europa y que se convierte en adicción patológica para el 3 por ciento de la población en general, y para un 8 por ciento de los jóvenes, en particular. Por eso, cuando Javier Garcés, psicólogo asesor de la Unión de Consumidores de España y técnico del Programa de la Unión Europea sobre Adicción del Consumo, escuchó a uno de sus pacientes «mis cenizas que las tiren en el Corte Inglés, porque allí he pasado los mejores momentos de mi vida», confiesa que le llegó al alma, pero desde luego no le cogió por sorpresa, avisado como estaba tras años de investigaciones, dentro y fuera de nuestras fronteras, «de la conclusión determinante y clara, y no por ello buscada, de que las personas que más compran son las más infelices». ¿Una paradoja de la vida que nos toca?
Porque «si una sociedad no vale para que seamos más felices, ¿qué sentido tiene?», inquiere Garcés. «La sociedad de consumo tiene a su disposición una serie de bienes materiales como nunca antes tuvo, pero eso de poco sirve si no sólo no nos procura una mayor felicidad, sino que además contribuye a aumentar las depresiones. Tampoco nunca antes como ahora los españoles consumieron tantos ansiolíticos, los medicamentos más vendidos, y tampoco se recibieron tantos mensajes a través de los anuncios en televisión de que la felicidad está en la compra. Los estudios se centran en la evidencia de una relación entre insatisfacción y consumo, porque una vez que las necesidades básicas están cubiertas buscar satisfacción por medio de la adquisición, en muchos casos para suplir otras carencias, es un craso error, ya que al obtener algo que no nos hace falta esto pierde el valor que tenía y entramos en una dinámica de compra, compra y compra que sólo conduce a la pesadumbre y -hace hincapié- el endeudamiento».


Ver la noticia completa

Dospuntos © 2007