Decidí
comenzar una nueva vida. Categórica e inapelablemente. Sólo
quedaba una cuestión por decidir: ¿a partir de cuándo?
La respuesta no dejaba lugar a dudas: a partir de mañana.
Al despertarme al día siguiente constaté que otra vez era hoy, igual que ayer. Puesto que había de comenzar una nueva vida a partir de mañana, no podía comenzarla hoy.
No importa -pensé-. Mañana será también mañana.
Y pasé tranquilamente el día a la antigua. No sólo sin remordimientos de conciencia, sino lleno de buenos sentimientos y reconfortante esperanza.Desgraciadamente no fue así. Seguía siendo hoy y nada más que hoy. Acabé por perder la esperanza. Todo parece indicar que nunca llegaré a ese mañana -pensé-. ¿Y si comienzo la nueva vida no a partir de mañana sino a partir de hoy?
Sin embargo, en seguida advertí lo absurdo de semejante planteamiento. Porque si hoy se repite invariablemente desde hace tanto tiempo, tiene que ser ya muy viejo, y por tanto cualquier vida hoy también tiene que ser vieja. Una nueva vida es una nueva vida y sólo es posible si comienza de nuevo, o sea a partir de mañana, si es que ha de ser de veras nueva.
Y me fui a dormir con la firme decisión de que a partir de mañana comenzaría una nueva vida. Porque a pesar de todo siempre tiene que haber un mañana.
Juego de azar. Slawomir Mrozek. El Acantilado. Barcelona. 2001.