En muchas ocasiones lo que produce el miedo no es una situación, sinó tener que enfrentarnos a una situación.
Mis derechos han sido pisoteados. Puedo resignarme o protestar.
Protestar supone enfrentarme con los demás, tal vez con mis amigos.

Volver
El miedo entonces se vuelve muy razonador, fertil en excusas. En este caso tal vez no incite a la huida, sino a la inacción, que es otra forma de huida.
Pero cada vez que imagina la escena de enfrentamiento, las miradas de desprecio, o de indignación, los comentarios decepcionados, las quejas, siente verdadero malestar, un miedo digestivo, una debilidad física, que da nuevo vigor a las soluciones de retirada.