LOLA HUETE MACHADO 08/01/2012
¿Puede soportar una sociedad 60 mujeres muertas este año a manos de sus parejas o exparejas? Inmaculada Montalbán preside el Observatorio contra la Violencia de Género. Su deseo: que este doloroso contador no sume ni una víctima más.
Tres toques apenas de color en su despacho oficial en la sede del Consejo General del Poder Judicial, que es como las decenas de despachos oficiales de este mundo: bandera nacional, libros del gremio, mobiliario clásico en edificio a juego de un Madrid muy burgués y céntrico. Uno de ellos es su bolso morado, muy morado, desparramado en el suelo, del que saca primero el libro de Inma Chacón Tiempo de arena (que tiene preparado para el vuelo que dentro de un rato va a realizar hacia su Andalucía natal), y extrae luego, como de una caja mágica, unos folios con los datos de la última macroencuesta sobre violencia de género, realizada por la Secretaría de Estado de Igualdad justo antes del cambio de Gobierno. “Aquí hay detalles que me preocupan y otros que me llaman la atención positivamente”. ¿Positivamente? Asiente, mientras se acomoda en el sillón vestida de traje negro, camiseta azul bien azul y uñas pintadas de rojo vivo, que dan el toque exótico a esta mujer menuda, de voz tan suave y calmada que sorprende en ella mensaje tan claro y contundente… Porque en su boca las cifras terribles de muertes (60 el último año) y maltrato de mujeres adquieren de inmediato dimensiones nuevas. Pasan del drama doméstico y social que ya representan al terreno de la prevención y la acción que se realiza día a día en distintos organismos, juzgados… como en una cocina gigantesca atravesada por borbotones de preguntas. ¿Cómo es posible que estas 60 personas hayan muerto a manos de sus parejas sin poder evitarlo? ¿Que otras 600.000 reconozcan vivir en situación de maltrato? ¿Que medio millón de menores hayan sufrido agresiones físicas en el contexto familiar? “Sí, tremendo. Sucede aquí y en tantos sitios; pero aquí lo cuantificamos, estamos avisados y más preparados para prevenir, actuar, tomar medidas que lo frenen…”.
El número de denuncias en el último lustro es espectacular: 604.902; las sentencias condenatorias por estos delitos, 177.233… La violencia de género parece que no decae: son unas 34.000 denuncias en el último trimestre, crecen un 10%. ¿Qué es lo que pasa? Según la macroencuesta, desde 2006 la tasa de homicidios se ha reducido un 33%, y crecen las mujeres que salen de la violencia, lo cual es positivo, pero lo que me preocupa es que se confirma que de 10 mujeres que mueren a manos de su pareja, siete u ocho no habían denunciado. Y ya sería momento para que ellas denunciaran más y pudiéramos evitar muertes. Me pregunto si es que no llegan las políticas de sensibilización o es que subsisten miedos o temores… Otro factor es que el 34% de solicitantes de órdenes de protección son extranjeras. Es fundamental intervenir en esa fase previa, de prevención.
Pero ¿cómo se hace eso, cómo se previene? Desde muchos ámbitos. Educación, evidentemente. La Ley Integral de 2004 creó Educación para la Ciudadanía, una asignatura que ha tenido un desarrollo desafortunado, porque no ha sabido imponer su criterio homogéneo en todas las comunidades y, obviamente, no ha sido el instrumento que esperábamos que fuera de educación en igualdad. O, por ejemplo, la Ley Integral preveía que en los colegios e institutos hubiera agentes de igualdad que enseñaran y actuaran cuando los jóvenes inician comportamientos machistas… Y no conozco muchos que los tengan. Hay que darle contenido a esa asignatura explicando que la violencia contra la mujer tiene causas estructurales y así lo dicen los documentos internacionales… Cuando se pega a una mujer se vulneran derechos humanos.
¿Bastaría? No. Paralelamente hay que trabajar en el ámbito de la cultura y los medios de comunicación… Llevo mucho tiempo en esto y compruebo que podemos estar dando discursos preciosos sobre igualdad y sus beneficios para la sociedad, pero si luego mi hija y mi hijo se sientan ante el televisor, los contenidos que están asumiendo son absolutamente estereotipados… transmiten aún roles de dominio, de sumisión… Roles antiguos que pensábamos que ya íbamos a superar. Entonces, así, uno se da cuenta de que por un lado va el mensaje formal y se intentan poner medios, y por otro hay corrientes subterráneas en contra que reproducen los patrones de antaño.
Inmaculada Montalbán, granadina, de 52 años, pertenece a esa generación que se batió el cobre por la igualdad desde bien pronto en un tiempo difícil, con ecos del posfranquismo y la tradición, que hacía luz de gas con todo lo femenino y emancipador. Ella hizo carrera por empeño propio y familiar; en su entorno no había precedente de estudio superior alguno, y menos con rostro de mujer. “Soy de Iznalloz, un pueblo a 35 kilómetros de Granada; de allí es toda mi familia; estudié en Granada, pero vuelvo siempre por la sierra de Arana, salgo mucho a andar por allí… La familia paterna era fundamentalmente de hombres y se dedicaban al transporte, Transportes Montalbán se llamaba, y luego instalaron un restaurante hotel, Los Rosales, a la entrada de Granada… y ahí ya sí se ocuparon de que sus hijos hicieran carrera”. Sus progenitores fueron unánimes sobre su futuro, “y eso que mi madre, mientras yo estudiaba, era también cocinera del restaurante”. Recuerda como decisivo a un profesor: “Daba filosofía en el colegio… era un librepensador, y se comentaba que querían echarlo por revolucionario; nos hacía pensar a las chicas. El mío era un colegio de monjas de la Presentación. Y él me ayudó a tener la curiosidad intelectual que luego he mantenido…”. Continue reading »
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